Es latiguillo frecuente en solapas de escritores octogenarios, vivos o muertos, pour se donner une contenance (para darse pisto): “Estudió derecho por decisión de sus padres pero abandonó la carrera para dedicarse a escribir”. ¡Como si haber pasado de las leyes a la literatura fuera el salvoconducto hacia la gloria literaria! A mí me obligaron a estudiar ciencias, aunque me pasé todos esos años leyendo con avidez la poesía críptica de los románticos alemanes y simbolistas franceses y modernistas ingleses y los versos cáusticos de W. H. Auden y Kingsley Amis. Perdí pronto toda habilidad para recoger y analizar xilemas y floemas de las monocotiledóneas y para desarrollar y desentrañar logaritmos, logaritmos neperianos, derivadas e integrales, operaciones abstractas en las que había conseguido manejarme con gran soltura pero de las que no recuerdo nada, y contraje el virus de las lecturas laberínticas y un sinfín de fuertes alergias primaverales, en forma de sarpullidos y eccemas, de las que aún no he podido liberarme. Desde entonces, aguardo con temor reverencial el advenimiento de las flores (la primavera ha venido, y yo, por desgracia, sí sé cuándo ha sido) y entiendo por qué, como escribiera T. S. Eliot en el comienzo de The waste land (1921), “April is the cruellest month…”. Me sorprendió y me encantó que Manuel Rivas citara en su columna del sábado ese cuasi verso (celebérrimo para una inmensa minoría), sin mencionar al autor, para describir la situación catastrófica y catatónica de la economía española: abril es el mes más cruel. Lo llevé a mi terreno, el de la corrección gramatical, al advertir que los duendecillos de la imprenta estaban sembrando de flores marchitas periódicos y libros de alta estofa. Así, a todas horas, todos los días, en todo momento y lugar, más que nunca, esos artífices y artificieros de la globalización que son políticos y economistas juegan un papel, con lo bonito que sería que lo desempeñaran, lo realizaran o simplemente tuvieran, que así es en español y no en el horrendo calco inglés (to play). Vicente Verdú (periodista de raza donde los haya) confunde precisamente las formas verbales haya y halla, Josep Massot (con el beneplácito de Joan de Sagarra) menciona a un tal Barbaro para referirse al filólogo Alberto Varvaro y Mario Vargas Llosa (ilustre académico) en La civilización del espectáculo escribe, a estas alturas de nuestras vidas, a resultas de por de resultas de. Y aunque callo por evitar prolijidad, en el silencio moral de la noche, cuando el tiempo invita a los estudios nobles, no dejo de pensar en el espectáculo incivilizado que nos ofrecen a diario quienes escriben. ¿Será porque no dan más de sí o porque, en efecto, abril es el mes más cruel?