Resulta poco elegante añadir la coletilla valga la redundancia cuando al hablar se repite una palabra, o cuando dos derivados de la misma raíz (más es muy raro) aparecen demasiado cerca en el discurso: más vale no meneallo. Si se dice por exceso de humildad —sincera o falsa—, malo; si es por prepotencia, peor. La lengua hablada es así, no cabe el saludable repaso... Solo resta apostillar: haberlo pensado antes. Parece, sin embargo, que no vamos a liberarnos fácilmente de tan adocenada captatio benevolentiae. Y es que la voz redundancia, o redundante, parece ejercer un hechizo irresistible en quien la dice y en quien la escucha.

Ya lo había oído antes algunas veces más, referido siempre al derroche y demasía inmobiliaria de los años que precedieron a la crisis económica. Distraído en otros afanes, no le había prestado la atención que merecía, pero el día 28 de mayo, en la sección de política nacional del diario El País, leo con asombro: «El Ministerio de Fomento se suma a las críticas sobre la viabilidad del aeropuerto de Castellón. El departamento que dirige Ana Pastor considera que la infraestructura es “redundante, innecesaria y de difícil sostenibilidad”». Vamos a ver: es imposible que el adjetivo redundante o el sustantivo redundancia se refieran en español a algo que no sean palabras, expresiones u otras cosas que comunican una información. Estos términos se emplean también técnicamente en lingüística y en teoría de la comunicación con sentido muy relacionado con su acepción corriente, pero jamás pueden aplicarse a un aeropuerto. Por cierto, como se ve en el texto citado, el autor de tal dechado estilístico —un tal Ministerio de Fomento— siente dudas por lo que acaba de decir y, ahora sí, con flagrante redundancia aclara: innecesaria.

Cuando una expresión disuena en español, y se tiene la curiosidad de saber por dónde se ha llegado a tal uso, el camino más derecho suele ser acudir a un repertorio de falsos amigos (v. gr. Diccionario de falsos amigos. Inglés-español, de Marcial Prado) o directamente a un buen diccionario de inglés. Tengo casi siempre sobre mi mesa el estupendo New Oxford Dictionary of English, versión selectiva y actualizada del Oxford English Dictionary, y encuentro en él suculentas respuestas. El significado básico de redundant es «no longer needed or useful», y se incluye, entre otros, el siguiente ejemplo: «Many of the old skills had become redundant». O sea, el ámbito de aplicación del término es mucho más amplio que en castellano. Estoy por asegurar que lo de los aeropuertos redundantes viene de ahí.

Surgen de inmediato muchas preguntas: ¿Qué lee? ¿Dónde se ha formado? ¿Cómo puede llegar a ese estado de anestesia lingüística el artífice de tal despropósito, sea el titular del ministerio o su amanuense? ¿Acaso el equipo ministerial vive inmerso en la lengua de Shakespeare aunque casi ninguno de sus miembros la habla con fluidez? ¿Es motivo suficiente para echarse al monte idiomático el deseo de disimular eufemísticamente el fiasco de un correligionario?

Un escalofrío recorre el cuerpo cuando se avanza a través de las metonimias de redundancy. Puede equivaler también en el inglés británico a «desempleo» o «despido», y son expresiones comunes redundancy compensation y redundancy payment. ¡Pido a quien corresponda desde esta humilde tribuna que no tengamos que sufrir alguna vez que el ministro (o ministra) de trabajo decida suprimir la indemnización por redundancia en todos los contratos!